martes, 19 de junio de 2018

El final de la Edad Moderna


La litografía a color aparece hacia final del siglo XVIII y aunque las primeras estampas se produjeron en Inglaterra, es el Alemania donde se depurarían las técnicas a principios del siglo XIX. Las primeras litografías son dedicadas especialmente a obras de autores conocidos, grandes batallas y más adelante a recrear escenas costumbristas. La litografía llega a convertirse en símbolo y bandera del lenguaje del romanticismo. El bolso no puede ser una excepción y aparecen bolsos con litografías a color y escenas románticas.
 

  
Bolso hecho en piel con los frentes en tejido; con cierre metálico de presión e incrustados pequeños brillantes; bastidor metálico dorado. Forro en piel  color rojo con bolsillo. Correa trenzada color oro con agarres laterales metálicos a juego con cierre y pequeños brillantes. Escenas bucólicas del siglo XVIII en el frente de un bolso de piel (Museo del Bolso)

Las mujeres llevaban traje sin cola, o con ella de una pieza, con ancho de vuelo. Falda en verdugados con dos o tres faldetas sobrepuestas. Corpiño ajustado. Jubón liso de brocado. Guardainfante o corpiño. Hombros rellenos, manga de saco. Cinturón ajustado. Gorgueras transparentes y encañonadas.
Este terminó con el estilo de vestuario conocido desde el siglo XVIII.
Época muy influenciada por la ideología política, convirtió la ropa en algo sencillo y practico. El hombre transformó su indumentaria en una chaqueta de cuello alto, capa corta, pantalones estrechos y botas, precursor del traje moderno. La moda era dictada en Inglaterra poniendo énfasis en la corte, la línea y calidad de la tela.
Cabe destacar, que las autoridades dictaban decreto que obligaban a llevar determinado estilo, de manera que todos de alguna forma uniformada.
Las mujeres ajustaron el vestido, de línea recta, bajo el busto y los hombros.
El bolso se convierte en un elemento imprescindible para guardar todo tipo de objetos, incluidos el rape o las pinturas a las que tan aficionados son los nobles de la época.

                           
Bolso limosnera hecha en terciopelo granate con adornos y cintas de terciopelo morado. Fruncido para cierre. Acompaña al bolso una almohadilla del mismo tejido con un escudo en dorado(Museo del Bolso).

Las damas usan vestidos escotados y ajustados a su figura, es obvio que no pueden esconder nada bajo sus vestidos y aparecen esos bolsos o retículas que más adelante se llamarían limosneras que, en algunos casos, son muy amplias y en su interior y a juego hay incluso almohadillas al tono para apoyarse en ellas.
En la primera parte del siglo XX la industria de los productos de belleza para la mujer, recobra un mayor brío y los bolsos son el secreter ideal para guardar todos esos elementos de maquillaje que las damas empieza a emplear de forma masiva y a los que no pueden escapar fácilmente; la nueva era de las artes cinematográficas, difunden los rostros de las actrices perfectamente maquilladas y los periódicos y revistas de la época anuncias los diferentes productos de cosmética; ya el bolso tenía que resolver un problema de espacio para contener, espejos, lápiz de labios, coloretes, esponjas, lápices etc. se idearon unas cajitas para que contuviesen todo ellos y otras veces se fabricaron especie de neceseres con los departamentos para este tipo de maquillajes, además de cortaúñas, limas y demás. Los bolsos disponían además de unas bolsas interiores para recibir estos cosméticos y los monederos se sujetaban al bolso interiormente con una cadenillas (en algunos casos hechas de oro), para tener fácil acceso a las monedas ante tanta variedad de objetos dentro del bolso.
El bolso con espejo incorporado y exterior, formando parte del tipo limosnera con bordados de microcristales o finas sedas, es lo que impone la moda; las señoras llevan sus pequeños bolsos con lo que precisa para realizar retoques en sus maquillaje y el bolso se prepara con un pequeño espejo en la parte posterior o en la zona de la embocadura.


Bolso limosnera hecha en tejido tornasolado en tonos malva con un espejo en la base forrado por un galón dorado, con malla de hilo dorado superpuesto y jalonado por ribete de florecillas rosas y verdes. Cordón dorado para cierre. Forrado en seda verde. Asa hecha con flores de tela en tonos malva y rosa(Museo del Bolso)

 Bolso hecho en raso negro con borlón en la parte inferior confeccionado con microcristales azul y rosa. Bastidor hecho en carey con espejo de cortesía incorporado, lleva varias inscripciones ilegibles. Interior forrado con tejido color amarillo. Cadena de carey(Museo del Bolso)  

El discreto espejo oculto en el cierre o tapa del bolso, utilizando carey, lucita o baquelita.

* Sigue nuestra Historia del Bolso. 
(Prohibida la reproducción parcial o total sin permiso del autor).

miércoles, 30 de mayo de 2018

Edad Moderna. Siglo XVII

                            
  Limosnera hecha en seda azul y blanca y bordado a mano iniciales. Puntilla alrededor que frunce en la zona superior para cerrarlo. Se presenta en la caja y el envoltorio original de la época. Caja decorada con motivos de la naturaleza (Museo del Bolso)

Desde mediados del siglo XVII, tanto en hombres como en mujeres, se impone la necesidad de transportar pequeños documentos y se populariza un tipo de cartera tipo sobre, llamada Pochette, que llegó a estar hecho con aplicaciones de bordados en hilo de oro, esmaltes e incluso piedras preciosas, rivalizando en belleza y riqueza.
Cartera de mano con cierre de solapa hecha en tejido de color crema con preciosos bordados florales hechos a mano, rematados con hilo de oro. Forrado en tejido color rosa (Museo del Bolso)

El vestuario femenino se caracterizo por el escote cuadrado, los bordados de oro y plata. También usaban trajes de embudo de larga cola, talle alto bajo los senos y mangas largas y ajustadas, acuchilladas o rasgadas por la parte superior. Hacia finales del periodo se exageran con postizos las caderas apuntando los miriñaques (prenda interior femenina de tela rígida o muy almidonada armada con aros, que daba vuelo a las faldas).
Cartera de mano con solapa hecha en tejido grecado color teja y ricos bordados con hilos de oro y plata. Interior forrado en tejido azul (Museo del Bolso)
 
Cinturones altos anchos, jubones escotados y amplias hopalandas de cuello cerrado. Tocados algo extravagantes en forma de corazón, mariposa, etc.
                                       Las ampulosas faldas con miriñaque y bolso al tono
                      
Cabello partido en raya y recogido sobre la nuca. Escofiones rellenos de diversas formas, bifurcados en dos o tres partes. Cucuruchos con una visera frontal y velo o cofia que caía hasta tocar casi el suelo.
Las damas lucían bolsos de diferentes tamaños y se tocaban la cabeza con sofisticados sombreros

Limosnera hecha en tejido de satén negro con forro acanalado y un bolsillo. El bordado está hecho con microcristales en colores rojo, negro, amarillo y rosa, formando un adorno floral. Presenta dos asas de tejido para llevar (Museo del Bolso)

domingo, 27 de mayo de 2018

El Bolso en la Edad Moderna

 * Confeccionado en cartón endurecido y forrado de terciopelo y piel, con adornos metálicos. Interior forrado de seda . Asas de piel. (Museo del Bolso).

(Sigue en nuestro blog la Historia del Bolso)

La Edad Moderna marca un antes y un después, también en el empleo del bolso como complemento al vestido; sería el periodo en que triunfan los valores de la modernidad (el progreso, la comunicación, la razón) frente al periodo anterior, la Edad Media, que el tópico identifica con una  Edad Oscura o paréntesis de atraso, aislamiento y oscurantismo.

Los imperios de occidente (Británico; Español; Portugués; Francés, entre otros) marcados por las monarquías absolutas, emplean prendas que dan un vuelco a la forma de vestir conocida hasta entonces.

En el siglo XV, los vestidos masculinos se cortaron y las calzas se alargaron. Comenzaron a llevar una toga, que se modifico hasta convertirse en una especie de corpiño abierto a los costados. Más tarde, se transformó en una casaca abierta por delante. La ropa, de vivos colores, se combinaban con pieles.

               
En un magnífico oleo de pintor desconocido en el que aparece la familia del rey de Inglaterra Enrique VIII con su tercera esposa Juana Seymour y el hijo de ambos, el príncipe Eduardo, además de sus hijas María e Isabel, hay un personaje a la izquierda del cuadro, probablemente un bufón de la corte, que lleva prendido al cinto un tipo de bolso muy común de la época.
 
Las mujeres llevaban el monedero colgado de una cadena, cinta o correa y un gancho llamado chatelain, del que pendían varias cadenillas y de las que se colgaban diversos utensilios como llaves, tijeras, navajas o cuchillos, materiales para costura y otros. Este instrumento que apareció por primera vez en el siglo XVIII, se convirtió en una moda en el siglo siguiente y llegó hasta principios del siglo XX, en que se impuso el bolso de mano.


                         

lunes, 2 de abril de 2018

El Bolso en la Edad Media (segunda parte)

 (Sigue la Historia del Bolso en este blog)

Los campesinos empleaban cualquier material para hacer sus contenedores, desde la madera tallada formando un bolso o monedero, hasta las pieles de los animales más comunes, como la comadreja, el conejo o el cordero. Se empleaban igualmente fibras de lino, lana y algodón que se tejían y se coloreaban o tintaban a base de cáscaras de cebolla con semillas y zumos vegetales; para las clases más pobres los colores eran siempre similares, el gris o marrón; para los más pudientes se empleaban toda la gama de colores con empleo de hilos de oro y plata y también la incrustación de piedras preciosas.

Los guerreros en el Medievo solían incorporar a su vestimenta, un zurrón colgado a la espalda o al costado, en el que guardaban sus pertenencias.
Entre los siglos X al XIV (la baja Edad Media), se impuso la cota de malla que llegó incluso al bolso o contenedor de documentos y pequeñas monedas.

En la larga Edad Media, desde el año 476 con la caída del Imperio Romano, hasta el año 1492, con el descubrimiento de América, pocos indicios hemos encontrado del uso del bolsos en las mujeres, sin embargo es obvio que se empleó tanto como en el hombre, pero los vestidos largos y ampulosos, las túnicas y las capas y peyotes, no daban paso a la visión del bolso, que interiormente colgaba de la cintura cogido a un cordoncillo y que se confeccionaba de tejido y de piel en algunos casos.

El Bolso en la Edad Media (primera parte)



El periodo conocido como la Edad Media, en formación desde la Antigüedad tardía por fusión de elementos greco-romanos, germánicos y judeo-cristianos; se puede decir, que casi marca el nacimiento del bolso como una prenda que va más allá de la simple utilidad, ya se empleaba acorde con la vestimenta de hombres y mujeres, más de aquellos pues los calzones ajustados impedían guardar ningún objeto y debían llevar pequeños bolsos o monederos sujetos a la cintura; en el caso de la mujer, aunque también lo usase, se hacía con más discreción y, casi siempre, en el interior de los pliegues de sus vestidos. 

Durante la Edad Media, era evidente que hombres y mujeres llevaran algún tipo de bolsa o bolso, casi siempre oculto, pero en determinados casos a plena vista; los bolsos resultaban muy prácticos porque la ropa por lo general no tenía bolsillos.

Algunas de las bolsas pequeñas que llevaban los nobles se les llamaba limosneras, quizás viene de aquellos tiempos la costumbre de usar este tipo de saquitos para llevar dinero que darían a los pobres, si bien la limosnera como bolso de moda, aparecería algunos siglos después.
Las primeras representaciones pictóricas de bolsas están en manos de peregrinos, aunque a partir del siglo XIII es corriente verlas en otras representaciones, tanto pictóricas como escultóricas y grabados.
Quizás el empleo del bolso fue más utilizado en la Baja Edad Media, siglos XI al XV, que en la Alta Edad Media, siglos V al X.

Con la influencia bizantina llegó a emplearse sedas y bordados con hilo de oro y plata para los bolsos de mano, incluso con adornos de pedrería. La influencia de los pueblos conquistados al Islam, empleaban mayor sobriedad para las bolsas o bolsos que solían ser de cuero. Se hacían los bolsos de piel de cabra, para las personas más adineradas o de piel de vaca para los menos pudientes.
Como no se habían inventado los bolsillos, cualquier objeto que hubiese que ser transportado, lo debían hacer u oculto entre los ropajes o colgados de un cinturón.

domingo, 1 de abril de 2018

El zapato, el protagonista



Miguel Ángel Martínez, Alfonso Morant, Hannibal Laguna, José María Amat, Loles Esteve y Jose Carlos Moyá. IGNACIO GARCÍA

Cinco de los profesionales que más ponen en valor el papel del calzado en la moda debaten sobre el pasado, presente y futuro del sector
La mesa la moderó el diseñador Hannibal Laguna
El calzado se categoriza como un complemento de moda, sin embargo, este objeto de deseo ha terminado abandonando su posición accesoria en una industria que mueve millones de euros. Y es que el zapato es además un símbolo social, reducirlo a un complemento de moda sería menospreciar su poder.
Su magnetismo se basa en que responde a la necesidad pero también al deseo, por eso, cuando vemos un zapato, vemos un objeto que poseemos, queremos y necesitamos tener. Aunque el público trata de racionalizar su compra como algo lógico. El placer sin culpa. Y de esta culpa somos responsables los alicantinos, ya que la industria zapatera se desarrolló entre nuestros valles, en concreto en el Medio Vinalopó. Una actividad que comenzó a gestarse a mediados del siglo XIX y que se ha convertido en una de las más punteras que ha fomentado nuestro país. Así que, si hay algo que sabemos hacer en nuestra provincia, son zapatos. Por eso, cuando El Corte Inglés de Elche quiso celebrar su décimo aniversario, esta pieza tenía que ser parte protagonista del festejo. El pasado miércoles el centro reunió, bajo la organización de Manuela Laguna -directora técnica del premio Mujer Mejor Calzada-, a varios de los profesionales que más ponen en valor el papel del calzado dentro de la industria de la moda.
La jornada comenzó con un magnífico Hannibal Laguna haciendo repaso de sus 30 años de historia como firma hasta la reciente creación de su propia línea de calzado. Hannibal Laguna Shoes es un proyecto que nace en 2014 entre la compañía MTNG Experience y el propio diseñador, haciendo realidad su sueño y trasladando sus obras de la pasarela al asfalto. Otra de sus motivaciones era democratizar el diseño y la calidad, acercando sus creaciones a todos los públicos: «Después de tantos años viendo mis vestidos en alfombras rojas, lo que de verdad me llenaba era verlas a pie de calle, en las actividades más cotidianas», señala Laguna. Tras la conferencia del diseñador, se configuró una completísima mesa redonda donde se confirmó el importante peso que tiene el calzado dentro de la industria. Los protagonistas del debate, José María Amat, fundador del Museo del Calzado y del Museo del Bolso; Loles Esteve, directora del Museo del Calzado; Jose Carlos Moyá, director de Martinelli; Alfonso Morant, director de Innovarty y Miguel Ángel Martínez, director de INESCOP.
Amat, una de las figuras alicantinas que más ha potenciado la industria zapatera, contó cómo vivió la provincia el paso de la actividad semiartesana del calzado a la industrialización, así como el momento en que el zapato pasó a convertirse en un objeto de culto, que tuvo inicio en la Revolución Industrial y su máximo exponente con la entrada del siglo XX. Amat fundó en 1992 el Museo del Calzado, una institución privada que con aportaciones de particulares se configuró como centro de referencia nacional. Durante el debate, Loles Esteve, la actual directora del Museo, puso en relieve las actividades que impulsa la fundación para divulgar y potenciar la industria, como el Premio a la Mujer Mejor Calzada. El director de Martinelli nos habló de la evolución de la firma como el calzado preferido por los hombres para vestir, convirtiéndose este año en el calzado oficial de los Goya. Moyá animó además a las nuevas generaciones de diseñadores a adaptarse al estilo de cada firma a la hora de presentarles su portafolio: «es importante que vean que conocéis su producto y sus líneas de diseño», les comentaba.
La innovación y las nuevas tendencias en el sector las presentaron Morant y Martínez. El primero hizo hincapié en la obligatoria transformación digital, así como la importancia del Big Data y su correcto uso. Por su parte, Migué Ángel Martínez Martínez habló de la nueva revolución industrial 4.0 y de nuevas tendencias.
* Publicado en el diario El Mundo el 1/4/2018

lunes, 5 de marzo de 2018

MOMAD Shoes es la Feria de Calzados de España y merece una mayor participación

                                         
Esta semana hemos sabido por el diario más vendido en la provincia de Alicante, que la presencia en MOMAD Shoes, el salón internacional de la moda del calzado y accesorios que se celebrará en Madrid entre los días 2 al 4 de marzo, de marcas y empresas de la Comunidad Valenciana, cae a mínimos históricos. Esta es una pésima noticia que nos debe invitar a una reflexión.
La industria del calzado de la Comunidad Valenciana congrega a más de dos mil quinientas empresas de fabricación, de las cuales el 80% se ubican o tienen sus raíces en la provincia de Alicante.  En el caso concreto de la comarca del Medio Vinalopó, entre Elda, Petrer, Sax y Monóvar, las empresas de fabricación de calzados y complementos superan las quinientas. Sin embargo,  la única feria de calzados y complementos que presenta ante el mundo lo que hacemos, apenas tendrá una treintena de fábricas de la provincia y de ellas quizás no llegue a la suma de los dedos de una mano, las que representarán al calzado y bolsos del Medio Vinalopó.
                               
Hoy, a una semana de la apertura de MOMAD Shoes, no es momento de buscar nuevas fórmulas que den respuesta a ese escaso interés, ahora lo que se plantea en la solidaridad del sector zapatero y marroquinero con lo que es nuestro, lo que nos representa y lo que no debemos dar lugar a que desaparezca, la Feria del Calzados y Componentes.
Soy el primero y más crítico en que se deben buscar con urgencia nuevas fórmulas para incentivar nuestra presencia en las ferias, pero ahora toca arrimar el hombro, ahora lo de lo que se trata es de mantener en pie nuestra única feria, y eso es cosa de todos, naturalmente, primero de los industriales que debieran hacer un sacrificio en favor de sus ferias, arropando a MOMAD y manteniendo su presencia en este tipo de eventos, especialmente la firmas de marcas consolidadas. Quizás ahora, la presencia en la Feria no redunde en un beneficio de ventas, como en otros tiempos, pero lo que sí está claro es que está en juego el prestigio de la Feria del Calzado de España y quizás su supervivencia, nuestro absentismo contagiará la inhibición del visitante-comprador y esto es un "pescado que se muerde la cola", sin exposición no hay ventas y sin ventas no habrá feria.
Desde Elda, instituciones tangenciales a la propia fabricación, mantendrán este año en MOMAD Shoes, exposiciones en apoyo a los sectores del calzado y complementos. Con respecto al calzado se mostrará de nuevo los premios de Lápiz de Oro, también el apoyo incondicional del Museo del Calzado y colaborando con el sector de complementos se expondrá una pequeña muestra del "Bolso en la Belle Époque", con la participación del Museo del Bolso y como incentivo a la presencia de compradores en el sector de complementos. 

                                             
"El molino de Wijk bij Duurstede", una pintura muy conocida transformada en un lujoso bolso hecho a mano con microcristales de colores
Es momento de apoyar a MOMAD, más adelante y entre todos,  será otro momento para tratar de hacer de nuestras ferias nacionales, instrumentos totalmente válidos para las ventas de nuestros productos: el calzado y la marroquinería. 

* Publicado el el blog "Calzado" del semanario "Valle de Elda" 1 de marzo de 2018

La presencia del Museo del Bolso en MOMAD Shoes marzo 2018