lunes, 2 de abril de 2018

El Bolso en la Edad Media (segunda parte)

 (Sigue la Historia del Bolso en este blog)

Los campesinos empleaban cualquier material para hacer sus contenedores, desde la madera tallada formando un bolso o monedero, hasta las pieles de los animales más comunes, como la comadreja, el conejo o el cordero. Se empleaban igualmente fibras de lino, lana y algodón que se tejían y se coloreaban o tintaban a base de cáscaras de cebolla con semillas y zumos vegetales; para las clases más pobres los colores eran siempre similares, el gris o marrón; para los más pudientes se empleaban toda la gama de colores con empleo de hilos de oro y plata y también la incrustación de piedras preciosas.

Los guerreros en el Medievo solían incorporar a su vestimenta, un zurrón colgado a la espalda o al costado, en el que guardaban sus pertenencias.
Entre los siglos X al XIV (la baja Edad Media), se impuso la cota de malla que llegó incluso al bolso o contenedor de documentos y pequeñas monedas.

En la larga Edad Media, desde el año 476 con la caída del Imperio Romano, hasta el año 1492, con el descubrimiento de América, pocos indicios hemos encontrado del uso del bolsos en las mujeres, sin embargo es obvio que se empleó tanto como en el hombre, pero los vestidos largos y ampulosos, las túnicas y las capas y peyotes, no daban paso a la visión del bolso, que interiormente colgaba de la cintura cogido a un cordoncillo y que se confeccionaba de tejido y de piel en algunos casos.

El Bolso en la Edad Media (primera parte)



El periodo conocido como la Edad Media, en formación desde la Antigüedad tardía por fusión de elementos greco-romanos, germánicos y judeo-cristianos; se puede decir, que casi marca el nacimiento del bolso como una prenda que va más allá de la simple utilidad, ya se empleaba acorde con la vestimenta de hombres y mujeres, más de aquellos pues los calzones ajustados impedían guardar ningún objeto y debían llevar pequeños bolsos o monederos sujetos a la cintura; en el caso de la mujer, aunque también lo usase, se hacía con más discreción y, casi siempre, en el interior de los pliegues de sus vestidos. 

Durante la Edad Media, era evidente que hombres y mujeres llevaran algún tipo de bolsa o bolso, casi siempre oculto, pero en determinados casos a plena vista; los bolsos resultaban muy prácticos porque la ropa por lo general no tenía bolsillos.

Algunas de las bolsas pequeñas que llevaban los nobles se les llamaba limosneras, quizás viene de aquellos tiempos la costumbre de usar este tipo de saquitos para llevar dinero que darían a los pobres, si bien la limosnera como bolso de moda, aparecería algunos siglos después.
Las primeras representaciones pictóricas de bolsas están en manos de peregrinos, aunque a partir del siglo XIII es corriente verlas en otras representaciones, tanto pictóricas como escultóricas y grabados.
Quizás el empleo del bolso fue más utilizado en la Baja Edad Media, siglos XI al XV, que en la Alta Edad Media, siglos V al X.

Con la influencia bizantina llegó a emplearse sedas y bordados con hilo de oro y plata para los bolsos de mano, incluso con adornos de pedrería. La influencia de los pueblos conquistados al Islam, empleaban mayor sobriedad para las bolsas o bolsos que solían ser de cuero. Se hacían los bolsos de piel de cabra, para las personas más adineradas o de piel de vaca para los menos pudientes.
Como no se habían inventado los bolsillos, cualquier objeto que hubiese que ser transportado, lo debían hacer u oculto entre los ropajes o colgados de un cinturón.

domingo, 1 de abril de 2018

El zapato, el protagonista



Miguel Ángel Martínez, Alfonso Morant, Hannibal Laguna, José María Amat, Loles Esteve y Jose Carlos Moyá. IGNACIO GARCÍA

Cinco de los profesionales que más ponen en valor el papel del calzado en la moda debaten sobre el pasado, presente y futuro del sector
La mesa la moderó el diseñador Hannibal Laguna
El calzado se categoriza como un complemento de moda, sin embargo, este objeto de deseo ha terminado abandonando su posición accesoria en una industria que mueve millones de euros. Y es que el zapato es además un símbolo social, reducirlo a un complemento de moda sería menospreciar su poder.
Su magnetismo se basa en que responde a la necesidad pero también al deseo, por eso, cuando vemos un zapato, vemos un objeto que poseemos, queremos y necesitamos tener. Aunque el público trata de racionalizar su compra como algo lógico. El placer sin culpa. Y de esta culpa somos responsables los alicantinos, ya que la industria zapatera se desarrolló entre nuestros valles, en concreto en el Medio Vinalopó. Una actividad que comenzó a gestarse a mediados del siglo XIX y que se ha convertido en una de las más punteras que ha fomentado nuestro país. Así que, si hay algo que sabemos hacer en nuestra provincia, son zapatos. Por eso, cuando El Corte Inglés de Elche quiso celebrar su décimo aniversario, esta pieza tenía que ser parte protagonista del festejo. El pasado miércoles el centro reunió, bajo la organización de Manuela Laguna -directora técnica del premio Mujer Mejor Calzada-, a varios de los profesionales que más ponen en valor el papel del calzado dentro de la industria de la moda.
La jornada comenzó con un magnífico Hannibal Laguna haciendo repaso de sus 30 años de historia como firma hasta la reciente creación de su propia línea de calzado. Hannibal Laguna Shoes es un proyecto que nace en 2014 entre la compañía MTNG Experience y el propio diseñador, haciendo realidad su sueño y trasladando sus obras de la pasarela al asfalto. Otra de sus motivaciones era democratizar el diseño y la calidad, acercando sus creaciones a todos los públicos: «Después de tantos años viendo mis vestidos en alfombras rojas, lo que de verdad me llenaba era verlas a pie de calle, en las actividades más cotidianas», señala Laguna. Tras la conferencia del diseñador, se configuró una completísima mesa redonda donde se confirmó el importante peso que tiene el calzado dentro de la industria. Los protagonistas del debate, José María Amat, fundador del Museo del Calzado y del Museo del Bolso; Loles Esteve, directora del Museo del Calzado; Jose Carlos Moyá, director de Martinelli; Alfonso Morant, director de Innovarty y Miguel Ángel Martínez, director de INESCOP.
Amat, una de las figuras alicantinas que más ha potenciado la industria zapatera, contó cómo vivió la provincia el paso de la actividad semiartesana del calzado a la industrialización, así como el momento en que el zapato pasó a convertirse en un objeto de culto, que tuvo inicio en la Revolución Industrial y su máximo exponente con la entrada del siglo XX. Amat fundó en 1992 el Museo del Calzado, una institución privada que con aportaciones de particulares se configuró como centro de referencia nacional. Durante el debate, Loles Esteve, la actual directora del Museo, puso en relieve las actividades que impulsa la fundación para divulgar y potenciar la industria, como el Premio a la Mujer Mejor Calzada. El director de Martinelli nos habló de la evolución de la firma como el calzado preferido por los hombres para vestir, convirtiéndose este año en el calzado oficial de los Goya. Moyá animó además a las nuevas generaciones de diseñadores a adaptarse al estilo de cada firma a la hora de presentarles su portafolio: «es importante que vean que conocéis su producto y sus líneas de diseño», les comentaba.
La innovación y las nuevas tendencias en el sector las presentaron Morant y Martínez. El primero hizo hincapié en la obligatoria transformación digital, así como la importancia del Big Data y su correcto uso. Por su parte, Migué Ángel Martínez Martínez habló de la nueva revolución industrial 4.0 y de nuevas tendencias.
* Publicado en el diario El Mundo el 1/4/2018

Bolsos escénicos

* Sigue en este blog la Historia del Bolso y otras noticias destacadas de este importante complemento. Limosnera bordada con micrometa...