sábado, 18 de septiembre de 2010

El apasionante mundo del bolso

El bolso ha sido un amigo eficaz en el viaje del ser humano por la Historia. El cazador prehistórico confeccionó bolsos con la piel de los animales para guardar los preciosos útiles de sílex. Era necesario un método que las hiciera manejables y suaves. A partir de entonces comenzó una búsqueda que duró milenios.

Ya en la Biblia se mencionan, y resulta curioso comprobar que las culturas unidas al pastoreo, de manera espontánea, llegaron todas al mismo diseño, que hoy sigue siendo uno de los preferidos de todas nosotras. En la Edad Media los bolsitos de las damas eran trasladables de una prenda a otra. Se confeccionaban con la misma tela del vestido y se ataban a la cintura.

Tras la Revolución Francesa, la moda retornó al gusto por las formas clásicas y se puso en boga una de las tendencias más favorecedoras de la historia de la indumentaria: el vestido imperio, cuyo talle sale bajo el pecho. Las telas eran tan transparentes que no permitía llevar bolsillos interiores. De forma que surgieron los primeros bolsitos que entendemos como complemento estético de moda. Durante todo el siglo XIX, las cesterías eran el escaparate de moda, allí se podía encontrar lo último en cestos.

Y llegó una nueva prenda: el manguito, cuyo éxito residió en ser a la vez un bolso y unos guantes. Esta cómoda combinación permitía mantener el calor en las manos y, al mismo tiempo, guardar discretamente en sus ocultos bolsillos las cartas de los admiradores o los afeites.

Con la entrada del siglo XX la moda aborda una gran revolución. Las mujeres abandonan el corsé y reclaman una mayor libertad, tanto en su ropa como en sus derechos. Las sufragistas de 1900 desean incorporarse de manera completa al estrenado siglo. No dejarán escapar la posibilidad de ser ellas mismas, sin la tutela del padre o del marido. Sus peinados cambian, su lencería casi desaparece, pero el bolso sigue siendo un amigo imprescindible. Hasta entonces los diseñadores de moda no existían. Solían ser modistas, casi siempre mujeres, que trabajaban en sus talleres de costura y acudían a los domicilios de las clientas a medirlas, confeccionando los trajes y bolsos según la moda. En 1910 los diseñadores empezarán a ser hombres, que crean vestidos funcionales que permitirán a las damas incorporarse a los nuevos adelantos, como el automóvil. Por supuesto, nunca se olvidaban de diseñar el bolso a juego. Así surge una nueva profesión: la de modelo.


En los años 20, la diseñadora Coco Chanel redefine la moda. Hace a la mujer elegante y le quita adornos superfluos. Queda instaurada desde entonces la mujer moderna. En febrero de 1955, diseña un bolso que será casi su emblema, el 2/55 (debe su nombre a la fecha en que lo ideó): negro, con piel acolchada y asas de cadena. Hoy sigue siendo un best-seller. Las ‘C’ cruzadas de la firma serán una seña de identidad muy imitada por otras marcas. Grace Kelly amaba los bolsos grandes que le permitieran llevar mil cosas, entre ellas los guiones de cine. Hermès le diseñó uno que bautizó con su nombre, bolso Kelly, y ha sido objeto de culto desde 1956 . Tras más de 40 años, adquirirlo aún tiene lista de espera. Jacqueline Kennedy, musa durante décadas en la joven América –y cuyo glamour todavía perdura–, hizo famoso un diseño, en 1972, de la casa Gucci. Lo atesoraba en distintas versiones. A este modelo aún se le conoce como Jackie O. En 1984 el presidente de Hermés pidió ayuda a la actriz Jane Birkin para diseñar un bolso en el que cupieran sus guiones. Así nació el famoso Birkin. Y la casa Dior creó, en 1995, un ejemplar muy del gusto de la última princesa que movió pasiones: Lady Di. Lo llamó Lady Dior. Era uno de los preferidos de la fallecida Diana de Gales. Sus señas de identidad: asas con anillas y cadenas doradas.
 
 
* Información obtenida en www.bolsocenter.com

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